Millennials, una generación que se aferra a la juventud y retrasa sus responsabilidades

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Esta idea simplista ignora las complejidades de un mundo en el que la estabilidad se ha vuelto un lujo inalcanzable para muchos.

Un grupo de jóvenes durante un paseo / Pixabay

El psicólogo Luiggi Sáenz de Viteri señala que no se trata de una negativa a asumir la adultez, sino de una generación atrapada en una transición constante, forzada a adaptarse a cambios económicos, laborales y culturales que han redefinido lo que significa ser adulto en el siglo XXI.

“Más que resistirse al crecimiento, es una generación que ha estado atrapada entre las expectativas de estabilidad y trabajo duro que vivieron sus padres y un mundo que cambió rápidamente”, explica Sáenz de Viteri.

Para generaciones anteriores, la fórmula del éxito parecía clara: educación, esfuerzo y estabilidad. Sin embargo, los millennials han vivido un contexto muy distinto, marcado por crisis económicas, precariedad laboral y una inflación que ha hecho que los ideales de casa propia, seguridad financiera y empleo estable sean cada vez más difíciles de alcanzar.

Este desencuentro entre expectativas y realidad ha obligado a muchos a redefinir sus prioridades y formas de vida. Las carreras profesionales ya no son lineales, el mercado laboral exige una reinvención constante, y los costos de vida han llevado a posponer hitos tradicionales como la compra de una vivienda o la formación de una familia.

En medio de esta incertidumbre, la nostalgia ha tomado un papel central en la identidad millennial. Las industrias del entretenimiento y el marketing han sabido capitalizar este fenómeno con remakes de películas, revivals de series clásicas y productos que evocan tiempos pasados.

“Desde lo comercial, el marketing ha apuntado mucho a explotar la nostalgia. Películas que tienen versiones 3 o 4, remakes de clásicos de hace 20 o 30 años, series que reviven lo que parecían ser mejores tiempos”, señala Sáenz de Viteri.

Más allá de la estrategia comercial, la nostalgia también funciona como un mecanismo de escape. En un mundo incierto, revivir elementos del pasado genera una sensación de seguridad y conexión con una época que, en retrospectiva, parece más sencilla.

A pesar de la inestabilidad y la presión por alcanzar una estabilidad que parece esquiva, los millennials han demostrado ser una generación altamente adaptable. Han aprendido a trabajar bajo esquemas flexibles, a navegar en mercados laborales volátiles y a equilibrar su vida personal y profesional en un entorno de cambio constante. “Tienen que trabajar mucho, pero al mismo tiempo, han desarrollado una gran capacidad de ajuste ante cambios constantes”, comenta Sáenz de Viteri.

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Este contexto también ha llevado a una transformación en la forma en que los millennials conciben el éxito. Para muchos, ya no se trata exclusivamente de acumulación de bienes o estabilidad financiera, sino de encontrar formas de vida más equilibradas y alineadas con sus valores personales.

La idea de que los millennials “no quieren crecer” es, en realidad, una interpretación superficial de un fenómeno más profundo. En lugar de resistirse a la adultez, han tenido que redefinirla en función de un mundo que ya no opera bajo los mismos parámetros que el de sus padres.

El desafío no es la falta de madurez, sino la necesidad de encontrar nuevas maneras de construir estabilidad en un entorno que cambia constantemente. En lugar de aferrarse a modelos tradicionales, los millennials han optado por una adultez más fluida, donde la adaptación y la reinvención son clave. Más que una generación perdida, los millennials representan una generación en transformación, construyendo una adultez distinta en un mundo que ya no es el mismo.

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